Plan de trabajo 2ª semana


Martes, 24.08.10
Ejercicios en la arena.
Carrera de Resistencia.
Ritmo moderado (150-170 ppm) 10 minutos de duración
Correr por parejas, en fila continua, durante 100 metros (de cono a cono) ir y volver.
Carrera de Fuerza y velocidad.
Tanda 1: Sprint, diez repeticiones, en dos filas. Regreso andando
Tres saltos, encogiendo las piernas, y salir esprintando a tope, hasta el cono.
El cono se sitúa a una distancia que se recorre en 20 segundos como máximo.
Tanda 2: Sprint, diez repeticiones, en dos filas. Regreso andando
El compañero de atrás te sujeta por la cintura y lo arrastras hasta que te suelta
(5 segundos). Misma distancia y tiempo que la anterior
Carrera de Movilidad y agilidad (dos circuitos)
Tanda 1. Ocho series rápidas de slalom entre obstáculos verticales, de 60 segundos de duración cada uno, con dos minutos de carrera de recuperación lenta entre series.
Tanda 2. Salto y repto: Circuito de mini-slalom (5 obstáculos verticales), salto (70 cmts.) y reptar bajo obstáculo horizontal (40 cmts.).
Ejercicios en el mar.
Carrera con el agua hasta el pecho. 100 metros (de cono a cono).
Regreso sobre la orilla, pisando las olas. Cinco repeticiones
Ejercicios combinados
Grupo 1
Mini partidillo. Equipos de 4. Cinco minutos.
Grupo 2
Tiro de precisión con balón, desde la orilla hasta el agua.
Jugador receptor pasa el balón con la mano a segundo receptor y ocupa su lugar.
Segundo receptor pasa balón a tercer receptor y ocupa su lugar
Tercer receptor entrega balón a tirador. Tirador previo, ocupa lugar del primer receptor
Miécoles, 25 .08.10.
Sesión de Montaña
Lugar de concentración: Gasolinera de Begues Parc (Begues). Carretera de Begues a Avinyonet del Penedés y Olesa de Bonesvalls.
Hora: 19,30 h. Muy puntuales (no hay luz natural)
Indumentaria: Zapatillas deportivas para correr sobre asfalto y terrenos pedregosos, y chubasquero o impermeable (para sudar)
Dificultad adicional: Un jugador, elegido al zar y rotatoriamente, portará una mochila de 30 kgs. de peso.
Actividad: Ascenso a la Subcentral de ENEL (4,5 kmts), y vuelta por pista forestal GR-2 Montau
Jueves, 26 de agosto de 2010:
Ejercicios en la arena.
Carrera en el umbral anaeróbico. Diez minutos despacio, diez minutos al límite y otros diez minutos despacio para terminar.
Flexiones explosivas
En posición de flexiones con las manos un poco más separadas que el ancho de los hombros. Mantener la espalda estirada y bajar el cuerpo hasta que el pecho roce el suelo. Parar y aguantar abajo cuatro segundos. Levantar cogiendo impulso y dar una palmada. Repetir 10 veces.
Flexiones con muñecas inversas
En posición de flexión, pero con las manos justo debajo del pecho. Meter las manos hacia dentro de forma que los dedos casi se toquen entre sí. Doblar los codos y bajar hasta que el pecho casi toque las manos. Párar, aguantar unos segundos y recuperar la posición inicial. Ocho repeticiones, descansar un minuto y repetir una vez más.
Remo playero
Llenar la bolsa de deporte con algo que pese (ropa, calzado). Cogerla por las asas con ambas manos. Dejar que los brazos cuelguen rectos con las manos a 10 centímetros del cuerpo. Levantar la bolsa en ángulo recto con el cuerpo. Parar para sentir la contracción en hombros y trapecios, y vuelve al principio. Realizar 15 repeticiones, descansar un minuto y repetir.
Puente
Bocabajo en la arena y levantarse apoyando el peso sobre los dedos de los pies y los antebrazos. Tensar el cuerpo hasta formar una línea recta de la cabeza a los talones. No dejar que el pecho o la barriga caigan al suelo. Aguantar 30 segundos.
Extensiones de espalda (el águila)
Bocabajo en la arena con las manos detrás de las orejas. Levantar el torso y las piernas del suelo lo más que se pueda para formar un arco de los talones a la frente. Aguantar un momento, regresar a la posición inicial. Repetir 15 veces, descansar y repetir de nuevo.
Flexiones
Poner en posición de flexión con las manos a la misma distancia que el ancho de los hombros. Mantener las piernas estiradas mientras se hacen las flexiones, doblando los codos hasta que la cabeza casi roce la arena. Realizar 12 repeticiones.
Ejercicios combinados.
Ruta en zig-zag entre la arena mojada y la seca (de cono a cono). Diez minutos.
Ejercicios en el mar.
Rugby-water. Dos equipos, dentro del agua, rivalizan para conservar el balón. Cada jugador no puede tenerlo más de 2 segundos ante de pasarlo.
Pretemporada 2010-2011
El equipo Amateur ‘A’ del Club de Futbol Gavà Mar inicia la pretemporada 2010-2011 el próximo martes, 17 de agosto, a las 20 horas, en el Centre Municipal de Serveis de Gavà Mar (C/. Tallinaires núm. 55), en la playa de Gavà.
Todos los jugadores del primer equipo, así como todos aquellos nuevos jugadores que deseen integrarse en el mismo, están convocados a las 19,45 h. en la puerta del Centre. Durante dos semanas, llevaremos a cabo una preparación de carácter predominantemente físico, con ejercicios en la playa y en el paseo.
Los días de entreno de pretemporada son los siguientes:
Martes, 17 de agosto, 20 h. CMS, Gavà Mar (vestuario NO disponible)
Jueves, 19 de agosto, 20 h. CMS Gavà Mar
Martes, 24 de agosto, 20 h. CMS Gavà Mar
Jueves, 26 de agosto, 20 h. CMS Gavà Mar
Martes 31 de agosto, 20 h. CMS Gavà Mar
Jueves, 2 de septiembre, 21,30 Campo Municipal de Futbol de Can Tintorè (Gavà).
Durante las sesiones de pretemporada en la playa, dispondremos de dos vestuarios en el edificio del Centre de Serveis para cambiarnos y ducharnos, antes y después del entrenamiento. Es importante que traigáis, además de la ropa deportiva que consideréis oportuna, bañador, toalla y zapatillas deportivas. El bañador y la toalla porque una parte de los ejercicios físicos se realizarán dentro del agua de la playa. Y las zapatillas deportivas porque algunas sesiones las haremos por el asfalto del paseo marítimo.
La plantilla se cerrará el 15 de septiembre de 2010 y, obviamente, en caso de exceso de jugadores, tendrán preferencia aquellos que hayan realizado la pretemporada.
Nos vemos el día 17.
Colorín, colorado…
Gavà Mar 0 – 1 CFA Santfeliuenc
“Ganar lo es todo. Si quedas segundo, sólo lo recuerdan tu mujer y tu perro”. (D.Hill)
“El segundo es siempre el primer perdedor”. (Primitivo Nieves)
“Ganar no es lo más importante: es lo único”. (Niki Lauda)
… este cuento se ha acabado. Aunque no ha tenido un final feliz.
La derrota sufrida en la Final de la IVª Copa del Baix Llobregat, la segunda en dos años, me deja un regusto amargo, un sabor de fracaso, de impotencia y desencanto. Nos ha faltado algo. Mentalidad, carácter, ambición, calidad… O todo al mismo tiempo. No lo sé. Pero sería conveniente que se reflexionase sobre ello durante este largo (y merecido) descanso.
Esta ha sido una buena temporada, para qué negarlo. Pero, como en el ‘Principio de Peter’, creo que hemos llegado al nivel de nuestra propia incompetencia.
Hace exactamente dos años, disputamos nuestra primera final de Copa contra el Sant Andreu. Nos faltó convicción, carácter y, sobretodo, físico. Perdimos por 4-3, encajando tres goles en los últimos diez minutos de un partido que teníamos ganado. El año siguiente, nos jugábamos la promoción en campo de líder, els Monjos. Llegábamos tras un racha impresionante de victorias y goleadas (24 dianas en tres partidos), y con el deseo de vengar el injusto 0-1 de la ída. El rival nos temía. Fletamos un autocar, nos acompañó la afición. A los 5 minutos encajamos el primer gol por un incomprensible fallo defensivo. ¿Nervios, quizás? A los 15, nos quedamos con 10 jugadores tras la expulsión de uno de los centrales, con roja directa, por un manotazo. A los 20, ya éramos sólo 9 jugadores sobre el césped, por unas palabras malsonantes dirigidas con vehemencia al colegiado. Perdimos por 4-1 ante un rival que se acabó apiadando de nuestra inferioridad numérica, técnica y anímica. ¿Nos pudo la presión?. Seguramente. Este año, nos jugábamos el liderato (o la promoción) ante el Santa Coloma. Volvimos a fallar. 2-1. La Copa nos dió una segunda oportunidad, llegamos a la gran final tras un excelente partido de semifinales. Pero tampoco pudo ser. Un rival al que habíamos derrotado claramente en la fase de liguilla (4-0) e incluso en la liga (1-2), nos doblegó con toda justicia. 1-0. En el peor momento, volvimos a mostrar nuestras graves carencias, nuestras endémicas debilidades. Y perdimos, una vez más.
No hablo del nivel de juego, que en ocasiones puede ser mejor o peor, ni de los fallos, que todo el mundo los comete, ni de las decisiones erróneas, a las que cualquiera está expuesto. Hablo de carácter. Como dice Martín, “una final se gana, no se juega”.
Es evidente que aún somos un equipo con mentalidad de perdedor. Un equipo segundón. Basta la más mínima presión para que nos desmoronemos. Para que fracasemos. Y eso, lamentablemente, no se corrige entrenando más, ni ensayando muchas faltas, ni corriendo mucho por la playa. Exige un cambio de mentalidad, de filosofía. Un cambio de ‘chip’.
Ha habido jugadores experimentados que vinieron a ‘probar’ y lo percibieron de inmediato. Y por eso no se quedaron con nosotros. “Una cosa es jugar para ganar y otra ir a jugar con los amigos. Ustedes son del segundo grupo. Gracias por la oportunidad, pero no me interesa”.
Creo que tenéis lo más importante: Pocos equipos de esta categoría pueden enorgullecerse de contar con jugadores de vuestro nivel. Sois capaces de lo más, aunque también de lo menos. Vuestro nivel de compromiso, lealtad y honradez es inigualable. Pero tenéis que decidir, como personas, como equipo e incluso como club, qué es lo que queréis hacer a partir de ahora. Porque eso es lo que marcará la naturaleza y la viabilidad de los proyectos que se puedan poner en marcha a partir de septiembre.
El camino se ha estrechado. Habéis llegado a una bifurcación, y ahora hay que decidir qué sendero se toma: El de la izquierda o el de la derecha. Uno de ellos lleva a un destino en el que no cabéis todos. Algunos –pocos- os tendréis que quedar aquí, pues no se os permitirá avanzar, y otros seguramente os quedaréis a media senda. Es un camino angosto, lleno de dificultades y sinsabores, un camino cuyo trazado exige un enorme desgaste y sacrificio. Un camino lleno de decisiones dolorosas, cuestionables, injustas y, muchas veces, de obligada y humillante aceptación. Y tiene un final incierto: Todo el mundo sabe cual es, pero muy pocos han llegado a él.
El otro es un camino amplio, verde, de suaves pendientes, frondosos bosques que ofrecen frescas sombras para el descanso y márgenes generosos, un camino fácil de recorrer, por el que todo el mundo puede transitar sin dificultad y en el que todos tendréis vuestro sitio. Es el camino del “aquí jugamos todos”, de los siete cambios en la segunda parte de un partido que vas perdiendo, es el camino de las alineaciones en las que se premia y reconoce el esfuerzo, la asistencia a los entrenos y la disciplina, pero no la genialidad, las necesidades del equipo en función de las características del rival o la calidad individual. Aquí no importan los resultados, porque este camino, a diferencia del anterior, no tiene final: Es un enorme círculo. Quien lo escoge lo hace porque su única finalidad, en la que encuentra placer, confort y deleite, es recorrerlo, una y otra vez, una y otra vez…
Cada camino tiene sus reglas. Cualquiera de los dos caminos es tan digno, meritorio y encomiable como el otro. Todo depende de lo que cada uno quiera hacer con su vida y con su tiempo. Sólo hay que ser valiente, y expresarlo abiertamente. Y que los demás decidan si os siguen, o se quedan.
Ahora ya sabéis dónde está vuestro techo. A vosotros os corresponde dejarlo ahí o derribarlo. Bajo el techo, estaréis a salvo, no os mojaréis ni pasaréis frío. Tampoco veréis el brillo de las estrellas, ni la luz del sol. Sin techo, estaréis expuestos a las inclemencias meteorológicas, al doloroso granizo, la furia desatada de los vientos y la pertinaz lluvia. Correréis muchos riesgos. Pero ya nada os impedirá crecer, ir hacia arriba, progresar. Mejorar. Ganar.
De todos modos, y sin que nos sirva de consuelo, habéis de saber que la mayoría de los cuentos no tienen un final feliz…
En la versión original de La Bella Durmiente, de Charles Perrault, el príncipe encantador no se limita a besar con ternura a la princesa sino que, ya que pasaba por allí, la viola aprovechando su letargo y desaparece. Nueve meses más tarde, la princesa Talia alumbra a dos vástagos, llamados Sol y Luna, uno de los cuales, atormentado por el hambre, chupa el dedo donde permanecía clavada la aguja y consigue despertarla. La esposa del príncipe, al enterarse del pastel, hace capturar a las dos criaturas y ordena a su cocinero preparar un sabroso guiso con ellos. Guiso del que, una vez el adúltero y violador ha terminado de comer, su esposa le hace saber con saña que “te has comido a tus hijos”. En cuanto a la bella que ya no es durmiente, la desdeñada esposa ordena que sea quemada viva en una hoguera…. En la versión original de Caperucita Roja, el lobo se come tanto a la abuela como a la nieta, eso sí, no sin antes tomarle a ésta un poco las trenzas con el famoso interrogatorio. Autores posteriores tuvieron que maquillar la narración, inventándose a los fornidos cazadores que rajaron la tripa del lobo en plena digestión y salvaron a las interfectas, que salieron tan contentas de la barriga del animal, como si cualquier cosa… ¿Y qué decir de La Cerillera, que muere congelada porque si vuelve a su casa sin haber vendido las cerillas sus padres la van a moler a palos? ¿Y de Garbancito? ¿Qué es eso de abandonar a un niño pequeño e indefenso en medio del bosque?
No quiero que esta, mi última crónica, se entienda como un reproche, una crítica o un lamento. Nada de eso. Sólo puedo tener palabras de agradecimiento para todos los que habéis hecho posible estas últimas temporadas, a todos quienes, con vuestro trabajo y compromiso, habéis mantenido viva la llama de la ilusión y de la esperanza. A quienes habéis creído en el mismo objetivo que yo, aunque finalmente no lo hayamos logrado. Otra vez será. Aceptadlo como una experiencia que os hará más fuertes y os ayudará a tomar las decisiones más adecuadas.
Dicen que hay que aprender a perder, porque ganar sabe cualquiera. Por desgracia, yo ya he perdido demasiado.
Un afectuoso saludo.
El tercer hombre
C.F. Gavà Mar 1 – 1 A.E. Traus
Acabó la Liga. Y empieza la Copa.
Del partido del sábado contra el A.E. Traus hay poco que contar. Un empate justo, con dominio alterno, fases de buen juego y períodos demasiado planos, con muchos fallos, juego burdo, tosco, sin brillo, sin ideas, sin estrella. Sabemos y podemos hacerlo mejor, pero no lo hicimos. El rival tuvo sus oportunidades, nos jugó de tú a tú, logró empatar un partido que teníamos a favor desde los primeros compases de la primera parte, tras el oportuno gol de Eric, y aunque en el tramo final pudimos sentenciar en una jugada aislada, el exíguo reparto de puntos fue el resultado más razonable para el poco fútbol que los escasos e incondicionales espectadores que despedían la temporada desde las gradas de Can Tintoré pudieron ver.
De la temporada que ha finalizado, tampoco hay mucho en lo que extenderse. Acabamos, por primera vez en nuestra historia, en la tercera posición de la tabla y, además, como el equipo menos goleado del Grupo 13. En otras condiciones, eso sería un logro histórico. Sin embargo, dadas las circunstancias, a mí, personalmente, me queda un regusto, como la salsa, agridulce. Pudimos haber hecho más. Y por alguna razón que aún no he analizado suficientemente, nos desinflamos.
En efecto, esa tercera posición en la clasificación final puede resultar engañosa: Hemos logrado 54 puntos, 3 menos que el año pasado. Hemos marcado 64 goles, 24 menos que la pasada temporada. Y hemos encajado 32, dos menos que los que nos marcaron en el Garraf. Y sin embargo, hemos concluido terceros, cuando el año pasado lo hicimos en la quinta posición. Los puntos y los goles encajados podrían tener una explicación: Este año hemos disputado dos partidos menos que la temporada pasada (30 contra 28). Podríamos haber logrado más puntos y encajado más goles. O no. Pero lo de los goles, como ya he reiterado en numerosas ocasiones, no tiene fácil explicación. O sí. El año pasado, entre Maxi y Mon sumaron 36 tantos -18 cada uno- Carlinhos, 10, Beni, 8, y Geovanni y Eric, que a pesar de jugar de mediocentros, se cobraron otros 8 cada uno. A eso habría que sumarle los decisivos tantos de Martín (5), de Bruno (4), de Fran (3), y un largo rosario de goles conseguidos por defensas, medios y delanteros (Edgar, Gonzalo, Aaron, Ferran… ), registros que este año no hemos igualado.
Acabamos terceros, sí. Pero a 9 puntos de distancia del segundo, y a 14 puntos del primero. Por abajo, a sólo 2 del cuarto y a 3 del quinto. Justitos, Justitos. Lo necesario para concluir que hay más diferencia entre el segundo clasificado y nosotros, que entre nosotros y el noveno clasificado. Dicho de otro modo, que no hemos estado a la altura de los de arriba, que no hemos tenido equipo para subir, y que por eso, no hemos podido ni siquiera pelear por el ascenso.
La pasada temporada ganamos 17 partidos, empatamos 6 y perdimos 7. Este año hemos ganado sólo 15, empatado 9 y perdido 4. Con dos partidos menos, sin embargo, hemos ganado dos encuentros menos, perdido tres menos y empatado tres más. Si hacemos números, los tres partidos menos que hemos perdido sólo nos reportan, aparte de moral, tres puntos más. Pero los dos ganados de menos y los tres empatados de más, nos habrían costado doce puntos. Y eso es mucho. Demasiado.
De los 14 equipos que hemos concluido la temporada 2009-2010 en el Grupo 13, hemos sido el 10º máximo realizador. Esa dinámica debe cambiar. Nuestro diferencial de goles –el goal overage general- es de +32 (64 marcados y 32 encajados, justo la mitad). El de los dos equipos que nos preceden, de +47 en el caso del Sanpa (83-36) y de +39 en el de la Penya (91-52). El Sanpa ha ganado 22 partidos, ha perdido 4 y empatado 2. La Penya ha ganado 20, perdido 5 y empatado 3.
Moralejas:
- Empatar 9 partidos sobre 28 es una barbaridad. Un atraso. Ahí hemos perdido 18 puntos.
- Entre ganar (+3), empatar (+1) y perder (0) es preferible arriesgarse a ganar, que asegurarse el empate. En esta categoría, como en la vida, el que no arriesga, no gana. Y tampoco asciende.
- Aunque encajemos pocos goles, si también marcamos pocos, el goal overage no aumenta. Y eso no sirve para nada.
Ahora iniciamos una nueva competición, la IV Copa del Baix Llobregat que, lo digo abiertamente, ha de servir para medir el potencial del equipo de cara a la próxima temporada. Sabemos por experiencia que no podemos esperar a septiembre para evaluar y perfilar las plantillas. Es tiempo de asegurarse un lugar en la lista definitiva, de probar nuevas posiciones y nuevos jugadores y, sobretodo, de jugar bien y convencer. Este ha sido un año de transición, de ensamblar grupos de jugadores que procedían de varios equipos, de integrarlos, de negociar quien se quedaba dentro y quien fuera, de transigir, de pactar. Eso se acabó. La ONG del Gavà Mar ha echado el cierre.
El proyecto para la próxima temporada era amplio e ilusionante, pero la crisis económica y social lo ha herido de muerte. Y dicen que en los próximos meses aún será peor. En consecuencia, habrá que apretarse el cinturón, optimizar los recursos, concentrase en lo esencial y no dilapidar ni el dinero, ni las energías en quimeras e imposibles. Ir al grano, y a destajo.
Con toda probabilidad, el año que viene tengamos un Amateur A con una platilla muy corta, con unos objetivos muy ambiciosos y con un nivel de exigencia extraordinariamente alto. Empezaremos la pretemporada el 16 de agosto, entrenaremos 3 días por semana, y en los partidos contarán resultados y compromiso a partes iguales. Y eso afecta a todos. Al entrenador, a los jugadores y a los coordinadores. El que se mueva, no sale en la foto.
¿Queréis reservar plaza?
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NdA: “El tercer hombre” es un película del Reino Unido del año 1949 dirigida por Carol Reed, escrita por Graham Greene y protagonizada por Joseph Cotten y Orson Welles. Se considera como la mejor obra de la historia del cine británico.
A las nueve de la noche
Eusebi Güell 3 – 3 C.F. Gavà Mar
Esto no es una crónica del partido. Es un lamento en toda regla. Lo digo por si alguien espera encontrar en este breve relato valoraciones y apreciaciones, siempre personales y muy subjetivas, sobre lo acaecido el pasado domingo sobre el verde césped de la Colonia Güell. Pues no las hay. Ni una sólo.
Y no las hay, fundamentalmente, por dos razones: La primera, porque apenas llegué a tiempo de ver los diez o quince últimos minutos del espectáculo futbolístico, y lo tuve que hacer apostado detrás de la portería local, pues un sujeto gritón, estúpido y malencarado me impidió el paso hasta el banquillo. Y claro, tal y como están las susceptibilidades y los egos últimamente, prefiero no decir nada sobre lo que no ví. Y la segunda, porque, a falta de una explicación adecuada y convincente, que espero recibir en los próximos días, no entiendo un carajo lo que está pasando.
Lo que sí ví al llegar fue a varios jugadores sustituidos que ya se estaban cambiando en el vestuario, con muy pocas ganas de hablar e ignorantes deliberadamente del resultado del encuentro. Caras de resignación, de hastío y desencanto, sin ningún interés por lo que ocurría fuera. Alguno justificó el desinterés y la apatía aludiendo a un supuesto “partido de chiste”.
También tuve tiempo de analizar las semblantes, los gestos y las expresiones de frustración de los demás jugadores al abandonar el terreno de juego, tras el pitido final. Escuché atentamente sus comentarios y explicaciones, percibí su mal disimulado desaliento y traté de hacerme una idea de lo que había ocurrido allí dentro.
Finalmente, mientras todo el mundo abandonaba el campo, recibí el acta del partido de manos del colegiado, repasé la sorprendente alineación titular, los cambios, los minutos (o debería decir el minuto) en que se produjeron las sustituciones, y me llamó la atención que hasta seis jugadores del Gavà Mar hubiesen sido amonestados con cartulina amarilla por juego violento (código 4), todos en la segunda parte, por ninguno del Eusebi Güell en todo el partido. Como quiera que el acta reflejaba un enigmático empate permanente (primera parte, 2-2, segunda parte, 3-3), alguien se entretuvo en detallarme la evolución del marcador: 1-0, 1-1, 1-2, 2-2, 2-3, 3-3. Curioso.
Como no puedo valorar el juego ni el resultado, me limitaré a exponer los hechos. Y los hechos son los siguientes:
El martes se suspendió el entreno a causa de la lluvia, que encharcaba el municipal de Can Tintoré. El jueves alguien había previsto un amistoso, que finalmente no pudo disputarse por incomparecencia del rival –se supone que algunos jugadores del Sector, aunque lo ignoro con certeza- pero, aunque hubiesen acudido prestos y dispuestos a medirse con nosotros, tampoco podría haberse jugado porque el futbol base juvenil sí entrenaba, a su hora y en su franja de campo. Toma coordinación.
Entre los jugadores que asistieron a este único entreno de la semana, aprecié algunas bajas notables, de las que, al día de la fecha, aún no he recibido explicación alguna. Tampoco parece que le importaran a nadie, pues la convocatoria estaba ya decidida antes de que finalizara el entrenamiento, o al menos así se me indicó.
El domingo, a las 12 de la mañana, en campo del Eusebi Güell, un estadio en el que el Gavà Mar no ha ganado jamás –hemos empatados en dos ocasiones y perdido en otras dos- ante un equipo que marcha quinto en la clasificación general (45 puntos) y al que costó Dios y ayuda doblegar en casa (4-2), alineamos a Toni (portero), Paco, Jordi, Uri y Gonzalo (defensa), Julio, Alberto y Juanra (medio) y Sergio, Beni y Aarón (delantera). En el minuto 5 de la segunda parte, con 2-2 en el marcador (goles de Juanra), sustituimos “en bloque” a medio equipo, saltaron al césped Campi, Rubén ‘Chichas’, Mon, Loren y Eric, y se retiraron Paco, Beni, Sergio, Alberto y Juanra. Marcó Eric el 2-3, e inmediatamente después encajamos el 3-3. Y de ahí, hasta el final, juego trabado, lento, aburrido y carente de emoción alguna. Sol, viento, y calor, mucho calor.
Más o menos a la misma hora, el Santa Coloma de Cervelló empataba en campo del Fenicia 2-2. Por lo tanto, con 53 puntos, uno más que el Santa Coloma (52), conservamos intactas nuestras opciones de acabar terceros de grupo. El Eusebi Güell tenía 45 y sumó uno más, (46) El Fenicia ha llegado también a los 45 puntos, aspira a los 48, pues tiene un partido menos, y puede acabar con 51. El Traus descansaba y no puntuó, por lo que mantiene sus 42 puntos. El resto de equipos están por debajo de los 41 puntos. Los de arriba dejaron de interesarme la semana pasada.
A falta únicamente de disputar un encuentro, en el peor de los casos acabaríamos cuartos –superados por el Santa Coloma si empata o gana en su campo contra el recién ascendido San Pancracio y nosotros perdemos contra el Traus- o terceros, si empatamos y ellos pierden o empatan, o si nosotros ganamos, hagan lo que hagan. Ya no superaremos el récord de puntos de la temporada pasada (57 puntos), pues aun ganando el sábado, nos quedaríamos con 56. Tampoco superaremos los goles a favor conseguidos en el Grupo 10, aunque, a pesar del descalabro de la Colonia Güell, aún seguimos teniendo un ‘colchón’ de 4 goles para proclamarnos este año como el equipo menos goleado… Siempre y cuando queramos hacerlo, claro. Porque, francamente, no sé lo que está ocurriendo, ni por qué. Y me gustaría saberlo.
Ignoro si es fatiga por una liga larga, emocionante, disputada y con un final más bien decepcionante –aunque justo y merecido- , si es desidia por no tener ya nada por lo que luchar –debéis estar acostumbrados a ganarlo todo en esta vida y la falta de alicientes os desmotiva-, si es que las decisiones que últimamente se han adoptado desde el banquillo os han causado alguna mella anímica o emocional –a mí, personalmente, me gustaría que me las explicaran y así lo voy a exigir- o si es que ha cundido el desencanto por alguna otra razón que desconozco. Pero lo cierto es que, hasta el próximo 15 de junio, y salvo que me manifestéis vuestra voluntad en otro sentido, expresa o tácitamente, pertenecéis a la plantilla de un club que lo ha dado todo, y algo más, por vosotros, que se ha volcado y desvivido por vosotros y al que debéis lealtad y respeto hasta el último minuto. Y eso implica dos sesiones de entrenamiento más –martes y jueves- y un partido más –sábado, 18 horas, en Can Tintoré- en el que deberías demostrar cuanto de dignidad, de orgullo y de agradecimiento queda en vuestros corazones.
Después, cuando el partido finalice, podéis hacer lo que os venga en gana. Si no queréis jugar la Copa, perfecto, eso que nos ahorramos. Si queréis pasar página y buscar nuevos horizontes, fenomenal, eso es lo que haremos todos. Y si queréis soltar todo lo que os habéis callado hasta la fecha por respeto y por prudencia, allí estaré yo para escucharos en confesión, uno a uno, con impostada paciencia y fingida devoción.
Pero hasta entonces, hasta que el árbitro pite el final del partido contra el Traus y yo salga de su vestuario con las fichas bajo el brazo, después de haberle pagado los últimos 109 euros de la temporada, por favor, no más caras de desidia, ni gestos de hastío, de resignación, de reproche y desinterés. Hemos peleado mucho juntos, hemos vivido demasiados momentos buenos para desinflarnos a 90 minutos vista de concluir nuestra mejor temporada deportiva.
El año pasado perdimos 6 partidos, los cuatro (ida y vuelta) contra los dos líderes (Monjos y Les Cabanyes) y los dos contra la Plana Rodona, octavo clasificado, nuestro talón de Aquiles. Acabamos quintos. Este año, pese a jugar peor y marcar menos goles, habremos logrado encajar menos derrotas que la liga pasada. De momento son 4 y queda un sólo partido. Perdimos contra el Sanpa y el Fenicia en la ida y contra el Can Clota y el Santa Coloma en la vuelta. A todos ellos los derrotamos en la ida o en la vuelta. Ningún equipo ha sido, ni será ya, mejor que nosotros. Aunque perdamos contra el Traus –resultado que no entra en mis cálculos- cabe recordar que empatamos la ida en su campo. Por lo tanto, no habremos perdido los dos partidos contra ningún equipo. Nadie nos ha superado claramente, ni siquiera los merecidos campeones, San Pancracio y Penya. Con nuestros aciertos y numerosos errores, con nuestras decisiones a veces juiciosas, en ocasiones disparatadas, hemos dado la cara y mantenido el tipo. Siempre.
Y así será, sí o sí, hasta el sábado a las nueve de la noche. Y luego, Dios dirá.
Hay nuevos proyectos en marcha, hay muchas ilusiones, aunque no hay dinero… al menos todavía. También hay muchísimo trabajo por delante, un trabajo sordo, desagradecido y opaco. Al fútbol regional hay que dedicarle muchas horas, mucho esfuerzo, y hacerlo con ganas, con tesón, con fuerza y con entusiasmo. Y eso, si los jugadores, si vosotros, no estáis en sintonía, resulta imposible. Una monumental y lamentable pérdida de tiempo.
De vosotros depende. Jugad con alegría, con ilusión y con ambición, y tendréis equipo. Hacedlo sin empuje, escondiendo la pierna o protestando por la alineación, y todo acabará el próximo sábado, a las nueve de la noche.
Aún se puede
C.F. Gavà Mar 5 – 1 Can Cervera U.D.
Aún se puede acabar en la segunda posición de la clasificación, y disputar los play-off de ascenso a segunda territorial. Quedan 6 puntos en juego y la Penya nos aventaja sólo en 5. Matemáticamente, aún es posible: Bastaría con que nosotros ganasemos y la Penya perdiese los dos partidos que le quedan por disputar (dos días malos los puede tener cualquiera), que se retirase de la competición ofuscado por algún arrebato inesperado y pasional, que fuese sancionada con diez puntos de penalización por llevar los números de las camisetas más grandes de lo permitido (que eso despista mucho al rival, oiga), o que en su desplazamiento al campo del Can Cervera, los secuestrase Al-Queda (a todos) en algún semáforo de l’Hospitalet y luego no pidiera rescate, al menos en un mes. Las posibilidades son muchas, no hemos de perder la esperanza. Me sabría mal por ellos, son buena gente y se merecen pelear por el ascenso… pero la guerra es la guerra, qué carajo.
Aún se puede batir el récord de puntos del C.F. Gavà Mar, logrado la pasada temporada, cuando acabamos con 57 puntos ‘en el saco’, en la quinta posición de la clasificación, a un sólo punto del cuarto clasificado. De momento llevamos 52 puntos y nos quedan 6 en disputa. Matemáticamente, podemos llegar a los 58. Y tirar cohetes.
Aún se puede batir el récord de goles conseguido la pasada temporada en la que marcamos 88 tantos, alzándonos como tercer equipo máximo realizador. Al día de la fecha llevamos 60 goles a favor, por lo que simplemente deberíamos marcar 29 en los dos partidos que nos quedan. Sé que el Eusebi Güell, en la colonia, y el Traus, en casa, nos lo pondrán difícil y seguramente intentarán fastidiarnos el record. Pero, matemáticamente, aún podemos.
Aún se puede ser el equipo menos goleado del grupo. De momento, hemos encajado 28 goles (el año pasado fueron 34), y el San Pancracio ya lleva 36 recibidos. Si en los dos partidos que nos restan, encajamos menos de 8 goles, el trofeo Zamora no se nos escaparía esta temporada. Si lo hubiera, claro.
Lo que no podemos es hacer el gilipollas.
Lo que no podemos, a dos jornadas vista de la conclusión de la liga más emocionante e igualada que hemos disputado nunca, es permitir que aflore el tontolculo soplapollas que más de uno lleva dentro. Eso no, caballeros. Por muy buen rollo que tengamos –que tengáis- dentro y fuera del vestuario, por muy bien avenidos que parezcamos, dentro y fuera del campo, el respeto y la lealtad hacia la entidad, hacia el Club y hacia el equipo, el compromiso con los ideales y los objetivos que nos marcamos desde el principio, y que quienes dirigimos esto hemos cumplido escrupulosamente, uno tras otro, sin excusas ni dilaciones, debería estar por encima de las veleidades, miserias, mezquindades y egoísmos personales. No me gustaron absolutamente nada algunas actitudes que percibí el pasado sábado, antes, durante y después del partido, y dentro y fuera del campo. Los resultados son importantes y necesarios, eso lo hemos dicho siempre. Pero no son suficientes. El holgado marcador (5-1) con el que concluyó el encuentro no justifica, en absoluto, los desplantes, las provocaciones, las chulerías, los desafíos y las salidas de tono. Ultima vez que lo digo. La puerta es inmensamente grande, todos los gastos, presupuestados o no, han sido pagados, todos los compromisos económicos, deportivos y personales, han sido debidamente cumplidos, saldados y finiquitados, nadie debe nada a nadie y el que quiera irse, sea por la razón que sea, ya sabe por dónde se sale. No quiero en el equipo ni un entreno más, ni minuto más, a quien no esté absolutamente conforme, involucrado y comprometido con este proyecto que ya expira. Y eso exige algo más que vestirse de corto y correr por el campo cuando se te pide. ¿Entendido?
Dicho esto, del partido del sábado me gustaría destacar dos cosas: que no jugamos demasiado bien, seguramente debido a una serie de circunstancias de las que convendría hablar en privado, pero que reaccionamos de inmediato, implacable y letalmente, con contundencia y sin contemplaciones, ante cualquier atisbo de peligro. Y eso sí que era –y es- una seña de identidad de este equipo, que se había ído diluyendo en los últimos naufragios pero que recuperamos, con toda su intensidad, en el duelo ante la Penya, un partido digno de recordar y del que enorgullecerse.
El del sábado era el típico partido-trampa, en el que se hacen demasiadas concesiones de las que inmediatamente te arrepientes, sobretodo si las cosas salen mal, pero que justificas, ratificas y validas como necesarias cuando no imprescindibles si el resultado te favorece. Un encuentro en casa, ante el colista -4 puntos en 25 partidos, 93 goles encajados- suele generar en el seno de cualquier grupo una sensación de relajamiento, de jugar a medio gas, que justifica la alineación de los jugadores menos utilizados, más que nada porque suelen pensar “si ni siquiera contra éstos me pone… ¿cuándo cojones juego yo?”.
Volvía Vincezo bajo los palos, debutaba Guille ‘Cantizano’ en el lateral izquierdo, supliendo la ausencia de Jordi y de Aarón, volvía Rubén ‘Chichas’ a la medular, dejando a Julito en el banco, y recuperaban la titularidad Sergio y Beni en las bandas de ataque, a costa de Eric y de Sergi. Sobre el papel, nada que objetar. Ni tampoco durante los primeras compases del match, en el que Mon, primero y Gonzalo López, de un soberbio testarazo, después, llevaron una cifra par a la casilla local del luminoso. Pero justo ahí empezamos a flojear. Será porque la ventaja en el marcador y la superioridad en el juego nos atonta y adormece, será porque parece que cuando el rival flaquea, todo el mundo se olvida del esquema y se cree con derecho a marcar ‘su’ golito y dedicárselo a la parienta o a la familia que lo jalea desde la grada, o será porque el control y el dominio del juego hace que cualquier jugador limitado, inestable e impredecible se crea un fenómeno capaz de cualquier cosa, pues empezamos a hacer estupideces. Perdimos las marcas, incurrimos en adelantones –como los caballos-, nos amontonamos en algunas zonas del campo dejando otras desprotegidas, empezamos a tocar balones de espuela, a hacer pases de espaldas y esas todas idioteces que preludian el desastre… hasta que llegó. Una pérdida de balón en el medio campo, muy cerca del área, y el rival que, de frente, no perdona. 2-1. Y a temblar.
Afortunamente, el sábado, sobre el campo, estaban el mejor Mon, el mejor Loren y el mejor Gonzalo. Menuda tríada. Y Diego. Siempre se ha dicho que la columna vertebral de un equipo la inicia el portero, pasa por el defensa central, la continúa el mediocentro y la concluye el punta. Ante el Can Cervera, la base de esa espina dorsal era doble: un Loren inconmensurable, un Tarzán pletórico, desbocado, sólido y preciso barría la defensa de izquierda a derecha, junto a un Gonza, poderoso como nadie en el juego aéreo, seguro en el corte y rápido en la anticipación. La pareja de centrales no sólo dio estabilidad al eje de la defensa, sino que cubrió los pasillos que los dos laterales, bastante más desacertados –cada uno por sus propias limitaciones- dejaban en la zaga, e incluso se permitieron el lujo de subir y transformar, de cabeza, un lanzamiento de esquina. En la línea media, Diego Ghini aportó ese ‘plus’ de sosiego, posición, control y pase al milímetro que nos faltaba, asegurando cada posesión de balón, cada robo y cada combinación, con una técnica y una precisión francamente envidiable: y arriba, el monstruo, la máquina, la bestia. Cuando el mejor Mon tiene público en la grada, se transforma en un bicho imparable, testarudo e infatigable, un tormento para cualquier defensa, un castigo infernal para cualquier portero. Suyos fueron tres de los cinco tantos logrados, el último en jugada personal impecable, llena de fuerza, de belleza y plasticidad. Ese es el Mon que necesitaba el equipo, ese es el referente obligado de este Gavà Mar. Porque cuando Mon se convierte en la obsesión de los defensas rivales, Eric tiene mucho más espacio para arrancar desde atrás y pensar hacia qué lado o en qué momento quebrará a su par, Sergio puede dedicarse a merodear el área, aguardando el más mínimo error de la zaga para clavar la estocada –como hizo ayer-, Beni se desdobla con más facilidad, trazando las diagonales hacia dentro, para ocupar el espacio que le deja ‘el animal’ en su desplazamiento horizontal y pegarle con la zurda, y Sergi gana una banda, la izquierda, para hacer y deshacer a su antojo con su velocidad y habilidad en el dribbling.
El resto del equipo funcionó como se esperaba. Pablo puso el tesón en la cobertura y la fantasía en la construcción, Rubén alternó una de arena con una palada de finísima cal –se empató a sí mismo- y Uri vino a tapar la banda derecha cuando Guille daba muestras ya de cansancio y cierto desconcierto ante un subidón más del iluminado de turno, que obligó a Pica a mover la defensa, sacrificando a Julito en tareas destructivas y desplazando a Gonzalo al lateral zurdo –que para eso lo es-. Se quedó sin salir Juanra, pues, aunque no le tocaba a él fastidiarse una semana más, el desarrollo del encuentro aconsejó a Jose, con excelente criterio, no introducir cambios en esa posición y sí en otras zonas del campo. Alberto, como de costumbre, alternó un entrenamiento espectacular con un partido mediocre, en el que se gustó a si mismo, peleó con genio y poco más.
En suma, un partido feo, tontorrón, con altibajos marcado por los vaivenes en el juego, los arreones épicos y las acometidas furibundas de una vanguardia que, esta vez sí, funcionó más o menos como debía, una media solvente e intermitente que se asentaba y desaparecía a medida que pasaban los minutos, y una defensa soberbia en su tronco central y mejorable en los laterales.
Tres puntos más -ya pasamos de la cincuentena-, y hemos llegado a los 60 goles. Algo es algo.
El próximo domingo, ante el Eusebi Güell, sin Diego y sin Pablo, habrá que volver a dar la talla. Estoy seguro que la daremos.
No sé si me explico…
Siamo fuori
Penya Barcelonista Cinco Rosas 2 – 2 C.F. Gavà Mar
Pues aquí nos quedamos, un año más. En esta bonita, competida e interesante categoría, la tercera territorial, única en España, en la que todo el mundo cabe. La inesperada derrota ante el Can Clota (1-0) nos cerró, casi definitivamente, las puertas de la promoción, y el empate del pasado sábado, aunque meritorio, trabajado e incluso me atrevería a decir que justo y contundente, ante la Penya Barcelonista, ha dado el cerrojazo definitivo a aquellas aspiraciones de pelear por un ascenso que tan seriamente considerábamos hace apenas un mes. El fútbol es así. Una liga es una competición larga y compleja, en la que hay muy poco margen para los errores, y, si miramos atrás, probablemente hayamos de admitir que no hemos estado siempre al nivel necesario para hacernos un hueco entre los mejores, aunque ‘de facto’ nos podamos considerar entre ellos. Porque los números cantan: Con los dos equipos que nos preceden en la tabla –San Pancracio y Penya Barcelonista-, uno virtual campeón de Liga y el otro justo aspirante a la promoción- tenemos el goal overage a nuestro favor. Con el Sanpa perdimos en su campo (3-2) y vencimos en el nuestro (2-0), luego +1 para nosotros. Con la Penya, nunca hemos perdido: la derrotamos en Can Tintoré (1-0) y empatamos en La Bombonera (2-2), también +1. Como equipo, y con los resultados de los enfrentamientos directos en la mano, no hemos sido inferiores ni al campeón, ni al finalista.
Tampoco hemos dilapidado nuestra ventaja, siempre ficticia, en derrotas inesperadas. Hasta la fecha, sobre 25 partidos, sólo hemos perdido 4, exactamente los mismos que el San Pancracio: uno en casa y tres fuera. La Penya ha encajado 5 derrotas, una en casa y cuatro fuera, y, sin embargo, nos lleva 5 puntos. ¿Dónde está el misterio? Pues en los empates. Y, por qué no decirlo, en la falta de gol.
El San Pancracio ha ganado 19 partidos (11 en casa y 8 fuera) y ha empatado 2 (uno y uno). La Penya ha ganado 17 (9 y 8 ) y ha empatado sólo 3 (2 y 1). Nosotros, sin embargo, hemos ganado sólo 14 partidos (9 y 5), pero hemos empatado 7 (2 y 5). En esa sangría, en esa hemorragia empatadora ha estado la clave: hemos perdido 14 puntos allí donde nuestros rivales directos apenas han dejado escapar 4 y 6.
Este año hemos vuelto a ser fuertes en casa, con unos números muy parecidos a todos los de arriba: 9 victorias, 2 empates y una sóla derrota (ante el Fenicia), exactamente lo mismo que la Penya y el Santa Coloma. Nos ha fallado, empero, la victoria a domicilio. Y el gol.
Siendo aún los serios aspirantes a ocupar la tercera posición de la clasificación final, y teniendo a nuestro favor el goal overage particular y general con los dos líderes, no podemos permitirnos ser el noveno equipo menos goleador. 55 tantos en 25 partidos son menos goles incluso de los logrados por el Espluguenc (66), décimo clasificado y, desde luego, no dice mucho a favor de nuestra capacidad realizadora. Si habla claro, en cambio, de nuestra extraordinaria fortaleza defensiva, pues vamos camino de consagrarnos como el equipo menos goleado del grupo, con 27 tantos encajados, 7 menos que el san pancracio (34) y casi 20 menos que la Penya (46).
Podríamos concluir, pues, que los empates, que a la postre son los que nos han costado la promoción, se debieron a una preocupante escasez goleadora. Y si recordamos el 2-2 del Casablanca, el 1-1 del Santfeliuenc, el 1-1 del Traus o los 1-1 y 0-0 de la Montserratina llegaremos a la conclusión de que estamos en lo cierto. Toca mejorar, muchachos. Sin gol, no hay ascenso.
Del partido del pasado sábado me quedo con dos sensaciones: Que el equipo dió la cara (y algo más) en todo momento, y que Toni es, sin discusión alguna, el mejor portero del grupo, y uno de los mejores de toda la categoría. Era un encuentro complicadísimo, en un campo pequeño y de tierra, con un rival crecido, incómodo y nada propicio para nuestra forma de jugar. Presionamos, los desconcertamos, nos adelantamos en el marcador, tuvimos fases de claro dominio sobre el rival, cedimos la iniciativa, nos defendimos con uñas y dientes, encajamos dos tantos en sendos errores de cobertura –uno más evidente que el otro-, nos acorralaron, pero emergió un Toni enorme como baluarte inexpugnable hasta que reaccionamos, logramos el empate e incluso en una jugada ilícitamente segada pudimos haber conseguido la victoria, quizá demasiado botín para lo que ambos equipos exhibimos en la Bombonera.
El empate fue un resultado justo. Se jugó con entrega, con tensión y con nervios, nos sobrepusimos a nuestras debilidades y explotamos nuestras virtudes. Todo el mundo trató de dar lo mejor de sí mismo, y eso se notó en el campo. Se jugó a un nivel más que aceptable ante un rival mejor posicionado y con un punto más de calidad individual, y logramos, por ello, su respeto y el de su público. No se puede pedir más. De momento, no.
Hoy toca reflexionar, hacer balance… y pensar en el Can Cervera. Hay que mejorar ese exíguo y pusilánime casillero de goles a favor, caballeros. No podemos acabar la temporada con menos de 60. Y el sábado, a las 8 de la tarde, en Can Tintoré, empieza la cuenta atrás.
Por cierto…. Seguimos siendo terceros. La derrota, también sorprendente, del Santa Coloma de Cervelló en campo del Espluguenc (4-1) nos mantiene vivos.
Enhorabuena (de momento), y gracias por vuestra entrega y compromiso. Ya llegarán tiempos mejores.
















