Los perros de Manolo siempre se paraban a cagar cuando estaban a punto de atrapar a la liebre.
Así, con dos cojones, en plena carrera, en el momento más intenso y emocionante de la velada, cuando el abarrotado canódromo rugía enfervorecido porque uno de sus estilizados lebreles estaba a punto de alcanzar el señuelo, el descarado [...]