“¿Vamos a perder?”
‘Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo’ (Julio Dittborn)
Santfeliuenc Associació CFA 1 – 2 C.F. Gavà Mar
Sufrir ganando. O ganar sufriendo. He aquí el dilema. Porque no es lo mismo. Ganar sufriendo evoca gesta, proeza heroica, blasones al viento tras la adversidad, invita a pensar en una hazaña epopéyica teñida de sufrimiento, de resignación y esfuerzo, en una contienda desequilibrada y atroz superada con fiereza y capacidad de aguante. Sufrir ganando se antoja innecesario, suena a incapacidad para controlar situaciones, equivale a complicarse la vida sin motivo aparente alguno, pese a contar con todas las circunstancias a tu favor. Suena a preludio de derrota, a negros nubarrones y peores presagios.
Cuando, a diez minutos para el final del partido, Juanra aprovechó una cesión desde la izquierda para lograr, libre de marca, el segundo gol, la tensión hasta entonces contenida pareció evaporarse súbitamente del banquillo. Hubo bromas, abrazos y relajación, incluso alguna sonrisa, pues parecíamos tener sobrados motivos para el optimismo. Es cierto que, en líneas generales, no habíamos hecho un buen partido, que habíamos cometido demasiados fallos, numerosas imprecisiones y que pecamos de precipitación y falta de clarividencia para resolver en los momentos en que pudimos hacerlo. Pero también lo es que, tras aguantar estoicamente los arreones del Santfeliuenc en la primera parte, con la entrada de Eric, Héctor y Amado tras el descanso, el primero en punta y los otros dos en la medular, nos habíamos adueñado por completo de la iniciativa, y las ocasiones se sucedían sin tregua. En una de ellas, tras un pase en profundidad de un ayer abnegado y servicial Mon, Rubén ‘Chichas’ había superado al meta local por primera vez, ganándole limpiamente la espalda a la defensa contraria y batiendo al cancerbero por bajo. Poco después, el mismo jugador estrelló un balón en el palo, como preludio de lo que sería el segundo y definitivo tanto que sentenciaría la contienda.
Pero no.
Esta vez nos tocó sufrir. En parte porque, tras el segundo gol, bajamos la guardia un instante, apenas unos segundos, pero suficientes para que el rival perforase nuestra portería por primera vez en cinco partidos. Y eso duele. Y en parte, también, porque al colegiado se le fue la pinza tras un conato de incidente absurdo con el público, y a punto estuvo de liárnosla.
Los domingos son días raros. A Brenda Ann Spencer, Bob Geldorf y los ‘Boomtown Rats’ no les gustaban los lunes. A mí no me gustan los domingos. Sólo los niños y los viejos juegan los domingos por la mañana. Unos a fútbol y los otros a la petanca. No se puede salir la víspera, porque hay que descansar, ni se puede beber alcohol, porque la resaca es muy mala compañera, sobretodo para despejar o rematar de cabeza, ni tampoco se puede tener sexo en exceso, porque al día siguiente te fallan las fuerzas en el último metro, como le ocurre a quien yo me sé. Hay que desayunar fuerte y al menos dos horas antes, para hacer la digestión, por lo que el despertador suena a las nueve o incluso a las ocho, si se tiene el mal vicio de ducharse y cepillarse los dientes antes de salir de casa. Suele hacer sol, que irrita las pupilas, achina las miradas, provoca arrugas faciales y da calor. En las proximidades de los campos de fútbol no hay aparcamiento, porque las calles están llenas de horteras y desocupados en chándal limpiando las alfombrillas del coche con la radio a toda ostia, abrillantando el salpicadero con la gamuza y el spray y sacudiendo las migas del bocata diario de los asientos delanteros. Los domingos hay que ir a misa, comprar el periódico y lavar el coche, las tres cosas que más me gustan de la vida en sociedad. Además no hay instalación deportiva que se precie en la que no se organice una sardinada, un pichinglis o un jipislabis ante una barbacoa de carbón rebosante de butifarras grasientas e irreconocibles pedazos de carne oscurecidos por el humo en cuanto despunta el buen tiempo. Y no hay cosa más triste que un domingo por la tarde, lánguido, hostil y sin amigos.
Este domingo, además de todo eso, teníamos bajas. Se caían de la lista Gonza López por lesión, Pablo por trabajo, Jordi y Campi por compromisos familiares y Beni y Guille por decisión técnica. La defensa se recompuso dando entrada a Aarón en su lateral izquierdo y a Uri en el centro de la defensa, mientras que Gonzalo Belmonte suplía a Pablo en la medular y Alberto y Sergio acompañaban a Mon en la línea atacante. Volvía a su puesto en el lateral derecho Tutu, mientras que Loren, Julio y Chichas repetían titularidad.
No sé si la hierba del municipal de Les Grases es demasiado alta, si la pelota era en realidad un balón de Nivea hábilmente jibarizado, o si las Adidas Predator han perdido el apellido y de paso, varios dientes, pero lo cierto es que no había visto nunca tantos resbalones, tanta imprecisión en la conducción, ni tantas agresiones el sufrido esférico en forma de aplastamiento conspicuo y traicionero. Tampoco anduvimos finos en los rechaces, y calculamos mal la parábola en caída del balón e incluso el bote, seguramente por una acción combinada de empanada mental, impericia, empajaramiento y viento en contra. El ataque tenía demasiadas dificultades para encontrar portería, y la zaga sufría en exceso con los balones largos. En medio, un determinante Chichas suplía su falta de centímetros con un derroche de inteligencia y picardía y, llegado el caso, prevaliéndose de su aparente fragilidad para situar estérilmente el balón en el borde del área local, porque de nada nos sirve forzar jugadas a balón parado si luego no sabemos ejecutarlas. Alberto pudo inaugurar el marcador mediada la primera parte, tras recibir un magnífico pase entre líneas, que acabó malogrando contra la valla exterior. No, ayer no fue su día.
La mayor presión del Santfeliuenc, merced a la recuperación de demasiados balones perdidos en el mediocampo, se canalizaba penetrando fácilmente por el centro, aprovechando un inesperado pasillo que, empero, fue obstaculizado una y otra vez por los laterales y en última instancia por un adelantado Toni. Tutu, en tres ocasiones y Aarón una cuarta evitaron, in extremis, la tragedia de ver a los centrales superados con facilidad, merced a largos y malintencionados pases al hueco. Sin pólvora en la delantera y con demasiadas concesiones atrás, nos fuimos al descanso asumiendo que los domingos no son nuestro mejor día.
En la segunda parte cambió por completo el decorado, los tiempos y las sensaciones. Se notó de inmediato la entrada de Eric en el ataque, dotando a la vanguardia de mayor solidez y peligrosidad y Héctor contribuyó a estabilizar la media y cerrar el corredor del centro del campo, que hasta ese momento ofrecía demasiadas facilidades a los centrocampistas rivales. Con el mayor control del balón aumentó en idéntica proporción la presión sobre la zaga rival, y tras varios avisos abortados erróneamente por el colegido, llegó el primer gol. Y con éste, la resistencia hasta entonces numantina de los jugadores locales, empezó a desmoronarse. Y en plena orgía atacante, Juanra, que acababa de saltar al césped con una generosa dosis de despiste, repitió la jugada que ya protagonizó frente al Casablanca aunque, en esta ocasión, llegó a impactar de primeras al balón y lo introdujo sin paliativos ni remilgos en la portería santfeliuenca. 0-2, el rival diezmado física y anímicamente, y doce minutos para el final. Asunto resuelto.
Pues no.
La relajación y el exceso de confianza juegan, en ocasiones, muy malas pasadas. Tan malas como la que propició, un minuto después, el gol de los locales. Un balón controlado en defensa que, en lugar de buscar el pase largo y fácil, se empeña en ser entregado al pie del mediocentro, quien no advierte la marca de su par y que acaba perdiendo en la frontal, donde un afortunado ariete reciba la ‘bola’ y empalma un fuerte disparo, centrado y ganando altura, aparentemente fácil de detener pero que, sea por el viento, sea por obra y gracia del espíritu santo, no logra ser desviado por Toni, pese a tocarlo, y acaba el fondo de nuestro marco.
Estábamos tan acostumbrados a no recibir goles -llevábamos cinco partidos sin encajar ninguno- que se nos quedó cara de sorpresa, como si el gol del adversario no formara ya parte de las reglas de este juego. Al rival le subió la adrenalina y apretó los dientes. Tenían diez minutos para el milagro. A nosotros nos entraron los temblores. De ir ganando con claridad, a acabar sufriendo… o peor aún. La tensión volvió a los banquillos –aunque bien es cierto que del banquillo local no se había ausentado ni un instante, no hay más que ver con qué desparpajo (por no decir otra cosa) se dirige el técnico a sus jugadores-, se sucedieron las faltas, los rifirrafes, las broncas, las protestas y los ‘peroquépitaaaaaaaas’ que como siempre, acabaron con el ‘mister’ liliblanco amarilleado. Pero también es verdad que el de negro abortó dos jugadas, ambas de Eric, por presunto fuera de juego que no lo era por varios metros, o centímetros, da igual, pero que le hubieran dejado en una situación franca de superioridad. Y en una de estas, un espectador, en su legítimo derecho a la sana crítica, como público respetable que es –y el calificativo no es baladí- y en el genuino ejercicio de su libertad de expresión, constitucionalmente reconocida, recriminó al colegiado vehementemente, de forma ostentosa y bien visible su escasa pericia y le reprochó, con la habitual y consentida dureza en estos casos, su errónea decisión. Y ahí se lió.
El fútbol regional, y sobretodo, la tercera categoría territorial, es fuente inagotable de anécdotas, de experiencias absurdas e inolvidables. Como nadie es profesional, ni los jugadores, ni los técnicos ni los árbitros, y ni siquiera los espectadores, pues no pagan para acceder al espectáculo, nadie se comporta como tal, de manera que ante cualquier situación, llamémosla inesperada, nos sale el cazurro fanfarrón y matasietes que todos llevamos dentro, ese atávico perdonavidas bravucón, pendenciero y baladrón cuyo perfil se asemeja más al del macarra afterhauars de polígono industrial que al de un respetable y sensato miembro de la comunidad de propietarios de su edificio.
El domingo nos tocó en suerte un colegiado que, siendo técnicamente correcto y aplicando el reglamento con bastante sentido común, suele estar más pendiente de lo que ocurre y lo que se dice en los banquillos y en la grada de lo que debiera. Así que, ante la descalificación espontánea del respetable, el colegiado paró el juego, se dirigió al espectador y lo instó a abandonar las instalaciones, a lo que este, obviamente se negó. Entonces reclamó la presencia del delegado de campo y, cual Undiano Mayenco o Esquinas Torres, le conminó a expulsar al espectador de su asiento (aunque estaba de pie), bajo la amenaza de suspender el partido e “irnos todos de aquí” si aquel individuo no se iba de allí. El delegado, azorado, trató de hacerle ver al árbitro que no tenía autoridad alguna sobre un espectador, a lo que el trencilla, fuera de sí, replicó: “o se va de ahí, o echo al catorce”, jugador que como bien sabía el colegiado, es el hijo del espectador contestón. Ante tamaño chantaje emocional, y, sobretodo, nuestras súplicas, el espectador hubo de claudicar en la defensa de sus derechos constitucionales y abandonar su posición, para solaz y regocijo del señor árbitro.
A partir de ese momento, nos temimos lo peor. “Ahora estará caliente y a la que pueda, nos jode” pensamos todos en voz alta, paseando agitados como fieras enjauladas alrededor de la menguada área técnica, rezando para que no hubiera ningún penalti dudoso en nuestra área. Y aún más cuando al interrogarlo con voz aflautada sobre el tiempo restante, el colegiado contestaba, con soberbia y desparpajo “el que a mí me dé la gana” y “todo el que habéis perdido vosotros”. Lo peor fue que nos pitó tres o cuatro faltas extraordinariamente peligrosas en el borde del área, afortunadamente sin consecuencias, aunque se las podía haber ahorrado, que Eric falló –no sé si debilitado por aquello, descentrado por esto, o simplemente porque si no falla una ocasión clara de gol no se va contento a casa- lo que pudo haber sido la sentencia del partido (el 1-3) en un mano a mano sólo ante el portero rival, y que en la última jugada, con el tiempo ya vencido hacía un buen rato, un golpe franco en contra en la misma línea de cal, el rival estrelló el balón en la cepa del poste derecho de la portería de un Toni, que no pudo hacer más que la estatua.
Entrada testimonial de Paco en el centro del campo, y pitido final, que devolvió la cordura, la sensatez y la serenidad de ánimos a todo el mundo, colegiado incluido, ante un resultado justo (de justo), pero justo (de Justicia).
Epílogo
Con la victoria del San Pancracio ante la Penya (2-1), los tres puntos obtenidos ante el Santfeliuenc Associació CFA nos colocan segundos en la clasificación general, con 41 puntos, a dos del líder y firme candidato al ascenso, el San Pancracio (43) y a uno del tercer clasificado, la inquietante y peligrosa Penya Barcelonista Cinco Rosas (40). Y seguimos siendo el equipo menos goleado del grupo (20).
Una cosa más. Tras esta jornada, la número 20, hemos disputado ya dos terceras partes de la Liga. Aún nos quedan nueve partidos por jugar. A partir de este momento, todo partido es una final.
Si queremos mantener nuestras opciones hasta la última jornada, sea de lo que sea, no podemos desfallecer ahora. Los equipos de arriba, incluyendo al Santa Coloma y al Fenicia, están muy fuertes, y los de abajo comienzan a dar sorpresas. Además, en estos momentos, enfrentarse al Gavà Mar es un reto, un desafío, una motivación extraordinaria para cualquier equipo: El ascenso es ya cosa de tres o cuatro, no tienen nada que perder y mucho prestigio que ganar. Por eso, deberíamos posponer nuestros compromisos, al menos los soslayables, hasta la Semana Santa y evitar la práctica de deportes de riesgo que pongan en peligro vuestra disponibilidad para entrar en la alineación. La liga se ‘para’ el 28 de marzo tras el partido contra el Can Clota, y no se reanuda -para nosotros- hasta el 17 de abril, ante el Bético Esperanza. Luego viene la Penya…
Tenéis dos fines de semana, el 3 y 4, y el 10 y 11 de abril para solazaros y planificar calçotadas, salidas y viajes. Antes del parón tendremos que medirnos al Santa Coloma en su campo (domingo por la tarde) y a la Montserratina en casa. Y después, entre otros, al Eusebi, también en domingo y en la Colonia Güell para acabar la temporada ante el Traus en Can Tintoré.
La plantilla que tenemos actualmente es amplia, compensada y competitiva. Y a ella, a su esfuerzo y compromiso incuestionables se le debe en exclusiva el mérito y el honor de nuestra privilegiada posición. Pero sé por experiencia que con la llegada del buen tiempo, los fines de semana escasean, las actividades se multiplican y las tentaciones menudean. No estoy dispuesto a repetir el ‘fiasco’ de la pasada temporada, cuando la llegada del sol, la playa, los chiringuitos y las largas noches de fiesta arruinaron el trabajo y las ilusiones de todo el año. La liga se acaba el 15 de mayo. Sólo os tenéis que esforzar dos meses más para recoger el fruto de tanto sacrificio.
En otro caso, habría que incorporar nuevos jugadores –pocos- pero cuya calidad y responsabilidad nos garanticen los resultados deseados hasta el final de la competición. En las próximas semanas podremos evaluar el ‘estado’ de la plantilla de cara a los eventuales compromisos futuros y decidir si necesitamos refuerzos o no.
El domingo, al finalizar el encuentro ante el Santfeliuenc, ‘Pica’ y yo comentamos la inmensa fortuna que teníamos, todos, de poder estar viviendo este momento. Y de lo difícil que resultará que se repita. Por eso, porque no sabemos si volveremos a vivir algo parecido nunca más, y mucho menos, si lo haremos todos juntos, todos a una, como cuando gritamos el “¿vamos a perder?” antes de cada partido, os pido que lo disfrutéis, que lo miméis y os obliguéis a un esfuerzo adicional al que me consta que ya estáis haciendo.
Porque…. Ibiza nos espera. ¿O no?












Marzo 2nd, 2010 at 14:10
Otros resultados:
Espluguenc 4 – Traus O
Casablanca 1 – Eusebi Güell 2
Santa Coloma 2 – Can Clota 2
Montserratina 4 – Bético Esperanza 1
Clasificación Jornada 20:
San Pancracio – 43
Gavà Mar – 41
Penya B5R – 40
Sta. Coloma – 36
Fenicia – 36
Traus – 33
Eusebi Güell – 32
Montserratina – 26
[...]
Bético Esperanza – 17
Can Clota – 14
Universitario – 11
Can Cervera – 4
Marzo 2nd, 2010 at 20:46
El fenicia tiene 35p no 36p
lo q esta claro es q somos 2º!!!!
Marzo 2nd, 2010 at 23:59
lo mejor esq tmb hemos descolgado al cervello cosa q nos puede vnir bien para q el 5 rosas no aprete en caso d q el tercero promocione, siento no star sta noche con vosotros pero e tnido un accidente laboral y tngo la mano como un melon, y toy atontaod los antinflamatoris, nos vemos el jueves familia