C.F. gav Mar Amateur

A la deriva

Santa Coloma de Cervelló 2 -  1  C.F. Gavà Mar

Navegar a la deriva es navegar sin gobierno, sin control, sin rumbo propio, a merced de las circunstancias, de la marea.

Nadie está a salvo de la derrota. Es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños, que ser derrotados sin siquiera saber por qué se está luchando. La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es permanente. Decía Simón Bolívar que el arte de vencer se aprende en las derrotas, porque las victorias enseñan muy poco. Para el logro del triunfo, siempre ha sido indispensable transitar antes por la senda de los sacrificios.

Era el día, sí. Pero no pudo ser. Y no fue.

Escribía el historiador Vegecio que la victoria no depende únicamente del número de efectivos o del simple valor en el combate; sólo la destreza y la disciplina la asegurarán. Los ejércitos romanos no debieron la conquista del mundo a ninguna otra cosa más que a su continuo entrenamiento militar, a la exacta observancia de la disciplina en sus campamentos y al perseverante cultivo y adiestramiento en las artes de la guerra. Y no hay más secretos. Aviso para navegantes.

La victoria fue siempre para quien jamás dudó. Y nosotros dudamos. Demasiado.

Cada fracaso nos enseña algo que necesitábamos aprender. Y a tenor de lo que ocurrió ante el Santa Coloma, a nosotros nos queda mucho por aprender, mucho más de lo que pensábamos. Acostumbraos, pues, a los fracasos. Hay muchos por llegar.

Demasiados partidos jugando mal (rematadamente mal) y ganando. La suerte se agota, como el agua de charcos cuando no llueve. Ya era hora de perder jugando mal (o muy mal). Aún nos queda perder jugando bien. La lógica de este deporte es implacable. Pero es lo que hay.

Sin riesgo en la lucha no hay gloria en la victoria. Sin dolor no hay recompensa. Duele mucho perder, y más ahora y en estas circunstancias. Pero si no convertimos el fracaso del domingo en experiencia, si seguimos buscando culpables a gritos y descalificando a nuestros compañeros en lugar de reconocer nuestra propia, insondable e ineficaz mediocridad, jamás habrá recompensa. Y sin recompensa, no merece la pena continuar con este proyecto.

Mirémoslo por el lado positivo. Se acabó la presión. Ya no dependemos de nosotros mismos. Se acabó el sueño. Bienvenidos a la realidad. Todo lo que nos suceda a partir de ahora, lo será por obra y gracia de la casualidad o de la fortuna. O de los errores de los demás. Ya no merecemos ganar. Hemos fallado justo cuando no debíamos hacerlo. Ya no puede haber nada peor. O sí…

Si algo puede salir mal, saldrá mal. Y además, todo es susceptible de empeorar” (Murphy’s Law). Aún quedan siete partidos. Así que, vosotros mismos.

La importancia de llamarse Ernesto

C.F. Gavà Mar  2 – 1 Universitario de Deportes A.D.

Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír” (George Orwell)

El sábado por la mañana, mi pequeño concursaba junto a otros 26 binomios en un social de obstáculos de su club, el Open Sports del Prat. Le correspondió el número siete en el orden de salida, y tras un recorrido espléndido, marcó el mejor tiempo, 61 segundos, sin penalizaciones. Cuando ya sólo faltaban tres caballos por competir, seguía siendo el primer clasificado ‘provisional’, el virtual campeón. Decidió no despreparar a su poni, por si tenía que salir a pista para recibir los aplausos y dar la vuelta de honor. Acabó cuarto, fuera del podio, sin escarapela ni trofeo. Los tres últimos jinetes destrozaron su sueño. 51, 58 y 50 segundos, respectivamente. Me miró desde el guardarnés con carita de resignación, de decepción y desaliento. “-Son caballos-”, pensé en decirle. “-Con sólo dos trancos cubren la misma distancia que tu poni en nueve. Y ni siquiera tienen que saltar, ni recibirse de manos, la altura del vertical es insignificante para ellos, mientras que para ti, cada uno de esos 11 reparos es un auténtico desafío. Lo has hecho muy bien, hijo-”.

Pero preferí no decir nada. Hay que saber perder y acostumbrarse a hacerlo. Sin excusas, sin justificaciones ni pretextos, aunque los haya. Las reglas son las que son, y las conocemos todos. Es cierto que en una prueba oficial, los caballos no pueden competir contra los ponis. Tienen demasiada ventaja. Pero esto no era una prueba oficial, y las reglas son distintas. En un concurso social compiten todos contra todos, la dificultad la determina la altura del obstáculo, no la de la cruz del animal, y sólo ganan los más fuertes, los más rápidos, los más experimentados. Los mejores. Y hay que saber cuando uno es el mejor y cuando no lo es. Y aceptarlo. Aunque el ganador tenga 25 años y tú 10, o su caballo mida 2,20 metros y el tuyo 1,10.

El sábado por la tarde seguramente  merecimos perder. Y aprender de la derrota.

[Leer el resto del artículo...]

Proyecto ‘Lean’

La delicada situación económica del país, afectada por una crisis sin precedentes, nos exige a todos un esfuerzo permanente, cuyo objetivo no es otro que identificar oportunidades de eficiencia y ahorro. Al mismo tiempo, la búsqueda continua de las mejores prácticas y los hábitos más eficientes en nuestros cometidos diarios nos debe permitir cambiar nuestra forma de trabajar y eliminar aquello que no sea imprescindible, simplificar procesos, e ir a lo esencial.

Mediante la utilización de la herramienta de monitorización de páginas web “Google Analytics” he observado que la mayor extensión y complejidad intelectual de las crónicas es inversamente proporcional al número de ’views’, visitas, lecturas y comentarios que reciben. Dicho de otro modo, cuanto más larga es la crónica, más complejas son las expresiones y más culto el lenguaje utilizado, menos aceptación tienen.

Este fenómeno podría deberse a dos causas: o bien el redactor de la crónica incurre en un cada vez más alarmante exceso de proselitismo literario, o bien el menguado coeficiente intelectual del lector medio le impide apreciar el contenido del ‘post’, y lo abandona antes de finalizar su lectura, sin formular entonces comentario alguno. O quizá se trata de una combinación de ambas.

La elaboración de las crónicas es una obligación que adquirí hace muchos años, con la única intención, entonces, de que sirvieran como elemento de identificación, dinamización y unidad del grupo. Con el tiempo, fueron evolucionando hasta convertirse en un signo de identidad del equipo amateur, un hecho diferenciador que nos singularizaba ante los demás equipos. Las crónicas no se limitaban a narrar los hechos acaecidos con ocasión de la disputa de un partido, sino que, además, trataban de incorporar vivencias, sentimientos, anécdotas, experiencias, valores, esperanzas y deseos. Coincidiendo con mi etapa de entrenador, también la utilicé para dar mi opinión sobre los encuentros, destacar hechos, actitudes o gestos, llamar la atención sobre determinas tendencias o inclinaciones, reprochar comportamientos, resaltar valores, contar emociones y ensalzar compromisos. Y, salvo una vez, siempre lo hicimos con educación, con respeto y elegancia hacia los equipos rivales, fuese cual fuese el resultado del partido.

Pero tal vez ha llegado el momento de replantearse también esta actividad.

Cuesta mucho tiempo, imaginación y esfuerzo redactar una crónica. Y, francamente, vistos los resultados, creo que no merece la pena malgastarlos de ese modo.

Así que, a partir de la fecha, estas crónicas, cuando las haya, se limitarán a reflejar el resultado del partido y, a lo sumo, resumirán en un máximo de 3 líneas y con un límite de 45 palabras, lo más destacado del encuentro. Ejemplo:

Santfeliuenc 1 – 2 Gavá Mar

“Victoria por la mínima en un partido que tuvimos dominado durante la mayor parte de la segunda mitad, pero que nos complicamos nosotros mismos en el tramo el final. No jugamos bien, pero también hay que saber ganar sufriendo. Tres puntos más y seguir sumando”.

Espero que con estos cambios, además de economizar en medios, tiempo y dedicación, logremos recuperar las visitas perdidas.

De todos modos, se admiten sugerencias.

“¿Vamos a perder?”

Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo’ (Julio Dittborn)

Santfeliuenc Associació CFA 1 – 2 C.F. Gavà Mar

Sufrir ganando. O ganar sufriendo. He aquí el dilema. Porque no es lo mismo. Ganar sufriendo evoca gesta, proeza heroica, blasones al viento tras la adversidad, invita a pensar en una hazaña epopéyica teñida de sufrimiento, de resignación y esfuerzo, en una contienda desequilibrada y atroz superada con fiereza y capacidad de aguante. Sufrir ganando se antoja innecesario, suena a incapacidad para controlar situaciones, equivale a complicarse la vida sin motivo aparente alguno, pese a contar con todas las circunstancias a tu favor. Suena a preludio de derrota, a negros nubarrones y peores presagios.

Cuando, a diez minutos para el final del partido, Juanra aprovechó una cesión desde la izquierda para lograr, libre de marca, el segundo gol, la tensión hasta entonces contenida pareció evaporarse súbitamente del banquillo. Hubo bromas, abrazos y relajación, incluso alguna sonrisa, pues parecíamos tener sobrados motivos para el optimismo. Es cierto que, en líneas generales, no habíamos hecho un buen partido, que habíamos cometido demasiados fallos, numerosas imprecisiones y que pecamos de precipitación y falta de clarividencia para resolver en los momentos en que pudimos hacerlo. Pero también lo es que, tras aguantar estoicamente los arreones del Santfeliuenc en la primera parte, con la entrada de Eric, Héctor y Amado tras el descanso, el primero en punta y los otros dos en la medular, nos habíamos adueñado por completo de la iniciativa, y las ocasiones se sucedían sin tregua. En una de ellas, tras un pase en profundidad de un ayer abnegado y servicial Mon, Rubén ‘Chichas’ había superado al meta local por primera vez, ganándole limpiamente la espalda a la defensa contraria y batiendo al cancerbero por bajo. Poco después, el mismo jugador estrelló un balón en el palo, como preludio de lo que sería el segundo y definitivo tanto que sentenciaría la contienda.

Pero no.

Esta vez nos tocó sufrir. En parte porque, tras el segundo gol, bajamos la guardia un instante, apenas unos segundos, pero suficientes para que el rival perforase nuestra portería por primera vez en cinco partidos. Y eso duele. Y en parte, también, porque al colegiado se le fue la pinza tras un conato de incidente absurdo con el público, y a punto estuvo de liárnosla.

Los domingos son días raros. A Brenda Ann Spencer, Bob Geldorf y los ‘Boomtown Rats’ no les gustaban los lunes. A mí no me gustan los domingos. Sólo los niños y los viejos juegan los domingos por la mañana. Unos a fútbol y los otros a la petanca. No se puede salir la víspera, porque hay que descansar, ni se puede beber alcohol, porque la resaca es muy mala compañera, sobretodo para despejar o rematar de cabeza, ni tampoco se puede tener sexo en exceso, porque al día siguiente te fallan las fuerzas en el último metro, como le ocurre a quien yo me sé. Hay que desayunar fuerte y al menos dos horas antes, para hacer la digestión, por lo que el despertador suena a las nueve o incluso a las ocho, si se tiene el mal vicio de ducharse y cepillarse los dientes antes de salir de casa. Suele hacer sol, que irrita las pupilas, achina las miradas, provoca arrugas faciales y da calor. En las proximidades de los campos de fútbol no hay aparcamiento, porque las calles están llenas de horteras y desocupados en chándal limpiando las alfombrillas del coche con la radio a toda ostia, abrillantando el salpicadero con la gamuza y el spray y sacudiendo las migas del bocata diario de los asientos delanteros. Los domingos hay que ir a misa, comprar el periódico y lavar el coche, las tres cosas que más me gustan de la vida en sociedad. Además no hay instalación deportiva que se precie en la que no se organice una sardinada, un pichinglis o un jipislabis ante una barbacoa de carbón rebosante de butifarras grasientas e irreconocibles pedazos de carne oscurecidos por el humo en cuanto despunta el buen tiempo. Y no hay cosa más triste que un domingo por la tarde, lánguido, hostil y sin amigos.

[Leer el resto del artículo...]

Amit y los senos de la Reina

Amit era un alto funcionario de la corte del Rey Akbar.

Hacía mucho tiempo que Amit estaba obsesionado con el deseo incontrolable de chupar los voluptuosos senos de la Reina hasta hartarse.

Por supuesto, nunca había podido hacerlo.

Un día reveló su deseo a Birbal, principal consejero y Abogado de la Corona, y le pidió que hiciese algo para ayudarlo.

Birbal, después de mucho pensar, accedió, con la condición de que Amit le pagara mil monedas de oro.

Amit aceptó el acuerdo.

Al día siguiente, Birbal preparó un líquido que causaba picazón y lo derramó en el sujetador de la Reina, mientras ésta tomaba un baño.

Pronto el escozor comenzó y fue aumentando en intensidad, dejando al Rey preocupado y a la Reina muy molesta.

Se hicieron consultas a los médicos y, ante la falta de respuesta de éstos, Birbal dijo que, a su entender, sólo una saliva especial, aplicada por cuatro horas, curaría el mal.

Birbal también dijo que esa saliva tan especial podría ser encontrada en la boca de Amit.

El Rey Akbar se puso muy feliz y llamó a Amit, quien durante las cuatro horas siguientes, se cansó de chupar a voluntad los suculentos y deliciosos pezones de la Reina. Lamió, mordió, apretó y acarició, en fin, hizo todo lo que siempre había deseado.

Con su deseo ya plenamente realizado y su libido satisfecha, Amit se negó a pagarle a Birbal lo que habían convenido; además, se burló de él y se le rió en la cara.

Sabía que, naturalmente, Birbal nunca podría contar este hecho al Rey.

Pero Amit había subestimado al Abogado de la Corona, hombre de muchos recursos, como todos los de su profesión.

Al día siguiente, Birbal derramó el mismo líquido en los calzoncillos del Rey.

Nunca dejes de pagarle a tu Abogado…

Twenty

8165 FJM 2 – 0 San ‘Desgracio’

Esta es la crónica de una premonición y de un infortunio. La premonición la conocieron de primera mano los jugadores suplentes del Gavà Mar que el sábado se hacinaban  bajo la manta en el banquillo local, instantes antes de que comenzara el partido. El infortunio, en forma de desgraciada y desesperante derrota, lo vivieron los integrantes del equipo rival y líder del Grupo 13, el San Pancracio, que perdieron a su guardameta y encajaron el segundo gol en el peor momento posible, y en una acción tan inesperada y absurda como dolorosa. Que el fútbol es un deporte injusto y cruel, ya lo sabíamos todos. Pero es que, en ocasiones, el muy cabrón lo borda.

C.F. Gavà Mar 2 – 0 San Pancracio

Cuando yo era pequeño, las matrículas de los coches tenían una letra y seis números. La letra coincidía con la inicial de la Provincia en la que se registraba el vehículo (B, de Barcelona, M, de Madrid, S de Sevilla) y en caso de duplicidad con otra, a la menos relevante, geopolíticamente hablando, se le añadía una letra más (BU, de Burgos, MU, de Murcia, SE, de Segovia). Como el sistema era limitado, complejo y farragoso (sobretodo para los agentes de tráfico), pronto se adoptó otra modalidad más flexible e imaginativa, consistente en mantener la letra provincial, reducir el número de la matrícula a cuatro dígitos y añadirle dos letras más al final de la placa. Y así, el camión de mi padre pasó de ser un B-860088 a un B-8032-CK.

Un entretenimiento común -y muy formativo- para los escolares de mi época, era sumar los números de la matrícula de los vehículos con los que nos cruzábamos, yendo o viniendo del colegio. Se decía que encontrar un coche cuyos números de matrícula sumaran 20, era una señal, una premonición de buena suerte, algo así como hallar un trébol de 4 hojas, o pisar un excremento blandito, viscoso y turgente con el pie izquierdo. Y a ello nos aplicábamos con denuedo y entusiasmo cuando encontrábamos una hilera de vehículos detenidos ante un semáforo o aparcados junto a la acera. “Ocho y siete, quince y seis… nada, otro… Uno y cuatro, cinco y nueve, catorce, y siete…. uyyy”.

A veces, sin embargo, ocurría que no ocurría nada. Ni buena suerte, ni ostias. Por muchas matrículas sumando veinte que encontraras, la situación no experimentaba mejora alguna. Y entonces, antes de que el desánimo y el escepticismo se adueñara de nuestros cándidos, tiernos e ingenuos corazones, a algún iluminado se le ocurrió que en realidad, aquellas matrículas renuentes y caprichosas escondían un mensaje, un enigma: la buena suerte estaba reservada para aquella persona cuyas iniciales coincidiesen con las letras del final de la placa. Mmmm…. De manera que los efectos milagrosos y mejores augurios de la matricula B-9191-AF estaban reservados para Antonio Fernández, Arturo Fuencarral o Alba Figueras. Hombre, tenía su lógica… aunque siempre dudamos de si Pepe López era el afortunado destinatario de la buena ventura de una matrícula acabada en PL o debía encontrar una que lo hiciera en JL… Una manera como cualquiera otra de pasar el rato. Y la infancia.

El viernes, hacia las ocho de la tarde (las 20 horas en el reloj de mi coche), mientras conducía camino de casa pensando en lo que le diría a ‘Pica’ sobre los experimentos del entrenamiento del jueves, distraje un momento mi atención de las cuitas futboleras y la posé en un Nissan Micra de color rojo que me precedía desde hacía un ratito. Instintivamente sumé los números de la matrícula.. ‘ocho y uno, nueve, y seis, quince y cinco… coño, veinte! Y el afortunado? FJM. Francisco José Márquez.. No puede ser, me dije… ‘ese soy yo…’  El ‘Micra’ se mantuvo ante mí un par de kilómetros más, entre el puente sobre el río Llobregat y el Alcampo de Sant Boi, como para darme tiempo a asimilar la buena nueva.. y luego desapareció zigzagueando, esfumándose como alma que lleva el diablo entre el denso tráfico de la C-32.

La matrícula sumaba 20, eran las 20 horas del viernes y yo estaba pensando en el partido que se disputaría el sábado, día 20, a las 20 horas en Can Tintoré.. “eso significa que ganaremos 2-0”, me dije. Con un par.

[Leer el resto del artículo...]

Guatequeiros

Cala de Bou, San Antonio (IB)
21 a 23 de mayo 2010
Precio cerrado (avión+hotel). Reserva en curso.
Ya me entendéis…

Socios

El C.F. Gavà Mar es un equipo simpático y singular. De los que quedan muy pocos. Un equipo de records, de marcas y de logros históricos:

  • En la temporada 2006-2007, fuimos noticia de portada del Diario Sport en dos ocasiones. La primera de ellas para poner de manifiesto que, tras el empate de ‘Les Fonts de Terrassa’ (1-1) en la Jornada 19, el C.F. Gavà Mar era el único equipo amateur de toda Catalunya que aún no había puntuado. Eso incluía a todos los equipos, desde la Preferente hasta la Tercera Categoría Territorial. O sea que de entre aproximadamente 1.350 clubes, el único con el marcador a cero éramos nosotros.  Qué grandes!
  • Semanas más tarde, el Sport volvió a dedicarnos un lugar destacado en sus páginas, para reflejar el marcador con el que derrotamos al Moldavia F.C. (3-0, Jornada 24, con goles de Alvarito, Fran e Isra). La noticia tenía un encabezado perfectamente previsible “Primera victoria”…. en tres años!!. 
  • En la temporada 2007-2008, el C.F. Gavà Mar alineó a familias enteras sobre el terreno de juego. Ningún otro equipo contaba con cuatro hermanos, además de un padre y su hijo, y tres primos hermanos en la misma alienación. Ya se sabe… la familia que juega unida… Esa ha sido una seña de identidad muy característica de este club: Desde los hermanos Hens (padre, hijo, tío y sobrino) a los Oliveira Siquiera, los Palacio Ramirez o los Zatorre Ballesteros, Fabricio y Yuri, Jorgito y Marcelo, Maxi y Pedro… 
  • En la misma temporada, 2007-2008, el C.F. Gavà Mar fue el único equipo que derrotó al laureado campeón de aquel año, el Incresa. Dos goles de Alberto y uno de Beni (3-2) doblegaron al hasta entonces invicto dominador de la Liga, al que ningún otro equipo volvería a derrotar hasta el final. 
  • También en la temporada 2007-2008, el numeroso público que acudía a presenciar los partidos que se disputaban en Can Tintoré se veían sorprendidos por la aparente incoherencia entre la letra de nuestro himno y los colores de la equipación. Y así, mientras por la megafonía del estadio sonaba aquello de “…Gavà Mar, Gavá Mar, Gavamaaaaarr, el amarillo y el morado con orgullo lucirás…”, los jugadores saltaban al campo vestidos de negro y lila. Y con las medias blancas. Toma harmonía! 
  • En la temporada 2008-2009, el C.F. Gavà Mar fue el único equipo que logró derrotar al Olivella en su campo. Aquella fría, oscura y lluviosa tarde-noche de febrero, un equipo diezmado por las bajas y las lesiones, se impuso 1-2, con goles de Beni y Giovanni y una actuación magistral de Gonzalo, Junior y Aarón en la zaga, y Vicenzo bajo los palos, al entonces segundo clasificado, que este año lidera con solvencia y autoridad el Grupo 10 de la Tercera Territorial. 
  • Hasta donde mi conocimiento alcanza, el C.F. Gavà Mar es el único equipo de fútbol que ha ganado una prueba ‘oficial’ de atletismo. La gesta la lograron Mon, Alberto, Tomás y Mel en las XIX Olimpiadas celebradas en agosto de 2009 en Begues, al imponerse brillantemente en la carrera de relevos 4×400 metros a consumados especialistas de la distancia. Previamente, Mon había logrado un segundo puesto en su serie clasificatoria de los 100 mts. y Tommy un meritorio cuarto puesto en lanzamiento de martillo (30 mts.). En el mismo certámen, Alberto y Joui (Joel) lograron hacerse con el campeonato de Paddel, Toni se proclamó vencedor absoluto en la disciplina de futbolín y Paco llegó invicto a la final de ajedrez. Un equipo polivalente y versátil, se mire por donde se mire. 
  • Tolerantes e integradores, nuestra camiseta la han vestido jugadores de todas las ideologías políticas, desde independentistas a republicanos, anarquistas, radicales de extrema izquierda, votantes de Berlusconi y conservadores recalcitrantes. Católicos practicantes, agnósticos y musulmanes nos hemos abrazado para celebrar un gol, aunque no para comer polvorones –contienen grasa de cerdo- y beber cava en Navidad, porque la fé es la fe. Algunos recordaréis un entreno en Can Torelló el que, al formar los equipos de 8 jugadores cada uno para disputar partidillos rápidos de 3 minutos (dos juegan y uno espera), se produjo una cierta algarabía en uno de ellos. “Quítanos a este extranjero, no lo queremos con nosotros”, decían los jugadores refiriéndose a… Beni, el único español que, por sorteo, había sido asignando a aquel grupo, formado por argentinos, brasileños, uruguayos y ecuatorianos. 
  • El C.F. Gavà Mar es uno de los pocos equipos de su categoría que tiene –y mantiene- una página web propia razonablemente actualizada. Gracias a la iniciativa, el conocimiento y la dedicación de Dani Rodri, con el impulso y el apoyo de la directiva, pudimos hacer realidad un proyecto con el que no siquiera soñábamos. Y aquí sigue, vertebrando –o intentándolo- la vida social y deportiva del Club. 
  • Y el C.F. Gavà Mar es el único equipo amateur de fútbol federado de Gavà, que compite en una de las cuatro categorías del fútbol territorial catalán. Desde la Tercera a Preferente, nadie, salvo nosotros, pasea con orgullo el nombre de la ciudad bordado en su camiseta.

¿Necesitas más razones para hacerte socio?

Consigue ahora completamente gratis tu Carnet de Socio del Club de Fútbol Gavà Mar, que te acreditará como sufridor, simpatizante y aficionado radical de nuestro equipo. Elige una fotografía de nuestra ‘Librería Multimedia’ y personalizaremos totalmente tu carnet!

Y si tu ídolo deportivo es un jugador del C.F. Gavá Mar, tanto actual como pasado, puedes solicitar un carnet exclusivo con la imagen que tu prefieras de tu ídolo en acción. Tú eliges: tenemos más de 3.000 fotografías para escoger!

Las 25 primeras solicitudes recibirán completamente gratis el carnet de socio del Club de Fútbol Gavá Mar. Date prisa!.. que se acaban!

Hoy hay entreno

Hoy jueves, 11 de febrero de 2010, a las 21,30 h. en las instalaciones deportivas de Can Tintoré, los integrantes de la plantilla del equipo amateur del C.F. Gavà Mar se entrenarán, como de costumbre, en el horario habitual.

¿Entendido?

Es por si algún listo me viene con el cuento de que se dijo que como este finde no se jugaba, tampoco había entreno y bla, bla, bla… Pues ni hablar. Esta noche, como cada noche de cada puto jueves de la temporada, a pringar como cabrones -que es lo que sois- a joderse y a sudar, a correr, a hacer abdominales, a cantar la canción de la abeja Maya, a rebajar esas panzas guatequeiras y a ejercitarse en el noble arte del balompié. Igual hasta os cae una Course Navette. Quien algo quiere, algo le cuesta. O, como decía mi padre, “sin dolor, no hay recompensa“.

Y el que no se presente, pues ya sabe. Necesito dos “huecos” -dos fichas- para gente comprometida que pide paso.

Prueba superada

Fenicia F.C.  0  -  1  C.F. Gavà Mar

Pues sí, lo tiene.

Lo mejor del partido del domingo es que fue un encuentro más, que debimos haber resuelto mucho antes. El 0-1 final es un resultado demasiado corto para lo que se vió sobre el césped del ‘Almeda Stadium’, y, sobretodo, es un marcador cruel, taimado y ladino con el sufrido banquillo, pues nos podíamos haber ahorrado perfectamente la desesperación, la tensión y los nervios de los últimos minutos en los que el rival subía en desbandada, buscando el gol del empate.

Una internada de Eric por banda derecha, ganando la línea de fondo y sirviendo atrás para que Héctor batiera en dos tiempos al meta local, mediada la primera parte, nos permitió sacudirnos la presión que nos estaba afectando desde el mismo momento en que el balón había comenzado a rodar. Mucho más imprecisos en los controles y en las entregas que en el partido contra el Casablanca, y demasiado alterados en las trifulcas y alharacas posteriores a las jugadas de contacto, tomamos la iniciativa del juego pero sin demasiada convicción, como si no nos lo acabásemos de creer, como si esperásemos más de un rival que parecía limitarse a defender su meta mientras -seguramente- hurdía un contragolpe letal e inesperado que nos borraría del campo. Y de tal guisa llegó la expulsión de nuestro lateral derecho, en una jugada que hay que leer varias veces en el acta arbitral para entenderla. Se resume así: el defensor agarra al delantero, quien le pega un codazo en la cara, por lo que defensor cae al suelo aturdido y desde allí le dice, textualmente, a su agresor “qué cabrón eres”. El árbitro, lo pita todo en unidad de acto: la falta del defensor (el agarrón), por lo que le saca tarjeta amarilla, luego la falta del delantero (el codazo) por lo que le saca la roja directa y lo expulsa, y luego el insulto del defensa, por lo que también lo expulsa, mostrándola la tarjeta roja directa. Además, nos sanciona con una peligrosísima falta directa en el balcón del área, que no transformó el equipo local por muy poco. Atónitos, retomamos el encuentro, diez contra diez, bajando a ‘Campi’ al lateral, impusimos paulatinamente nuestro juego, logramos el gol y a punto estuvimos de irnos a vestuarios con el partido resuelto, tras estrellar Eric un balón en la cepa del poste con el meta ya superado, al culminar sin acierto y por milímetros un ‘uno contra uno’ aparentemente sencillo.

La segunda parte tuvo más altibajos. El Fenicia se mostró más agresivo en su juego y preciso en los controles, y nos inquietó con una presión más intensa que durante la primera parte, que iba incrementando a medida que el colegiado sancionaba únicamente con faltas indirectas sus entradas y cargas, que a todas luces merecían una amonestación mayor en forma de tarjeta amarilla, aunque sólo fuese para evitar el progresivo calentamiento del partido. Por el contrario, a nosotros nos cosió a tarjetas por estupideces y chiquilladas tales como protestar o levantar ostentosamente los brazos ante sus cuestionables decisiones. Sea como fuere, logramos contrarrestar el dominio local con contragolpes que, empero, no supimos culminar con acierto, ya sea por precipitación a la hora de decidir si pasar o tirar, ya sea por falta de precisión en el contacto con el balón.

Volvimos a tener el partido en el bolsillo cuando el colegiado sancionó con un penalti algo riguroso, un derribo a Amado en el área pequeña del Fenicia, perpetrado justo en el momento en que se disponía a culminar, al alimón con Chichas, una meritoria internada de Sergio por banda izquierda. Pero Alberto lanzó mal la pena máxima, a las manos del portero local, y el partido volvió a ganar en intensidad y nervios, que se dispararon con la decisión del trencilla de prolongar siete minutos más el tiempo reglamentario. Con todo el Fenicia volcado en nuestra área para rematar las numerosas faltas laterales que nos señalaron, Gonzalo sacó un balón que ya se colaba por la escuadra y Toni vió la amarilla por ‘perder el tiempo’ en un saque de puerta en el que la delantera local cargó duramente contra él. Gritamos, chillamos y nos desesperamos en la banda. Pero el marcador ya no se movió. Final y tres puntos más que sumar al casillero, velando armas ante la visita del líder, el San Pancracio, al municipal de Can Tintoré de aquí a dos semanas.

Permitidme que concluya hoy con una pequeña joya rescatada de la hemeroteca. Se trata de la clasificación del Campeonato de Liga de Tercera Territorial, Grupo 13, de la temporada 2006-2007, tras disputarse la Jornada 17. La información está fecha el 5 de febrero de 2007, hace exactamente tres años.

A ver quien encuentra las tres diferencias… O acaso hay más?